¿Cómo conocí a Yogi Bhajan?

CON LA EXCUSA DE UN TAROT 

  1998 fue el año que llegamos por lo menos 25 chilenos al Festival de Kundalini Yoga durante el solsticio de verano en USA. Cantamos el mantra Ad Guray Nameh en el avión, hicimos yoga en el aeropuerto de Nueva York y ,por supuesto, el trayecto en bus 2 horas y media desde el aeropuerto de Albuquerque a Ram Dass Puri, lugar donde se celebra el solsticio fue un concierto de tambores.

Ese fue el año que se casaron varios chilenos en el Gurdwara de Ram das Puri. Ese fue el año que el maestro en la charla del solsticio pidió a los integrantes de los distintos países que cantaran sus canciones nacionales.  Y cuando le tocó a Chile, corrimos el grupo entero, enajenados al escenario y cantamos como nunca se había escuchado. Uno andaba con una trutruka y el sonido indígena del sur de Chile resonó en el Galpón del Tantra. Recuerdo que Yogi Bhajan volteó la cabeza y nos miró. Asintió y solo dijo “wow! Aquí si que hay espíritu, así es como se canta, aprendan!” Asi fue como Yogui Bhajan conoció al espíritu chileno.  Fue en esa charla donde supe que me tenía que quedar en Nuevo México cerquita de él. Tenía planeado ir por un mes y me quede 9 años. Por él. Y ahí empezó la aventura, ¡ah! Yogi Bhajan ¡Que ser! ¡Qué gran personaje! un rey santo, el más sabio, el más travieso.

Mi primer contacto con él fue en una entrevista personal 2 semanas después del evento del solsticio. Yo estaba pasando por un periodo de mucha confusión. Le pedí su consejo, que me indicara que hacer, en que dirección caminar. Para mi sorpresa, el simplemente me respondió:

  •  “mmmm, solo has lo mismo que yo… cambiando de tema, me dijeron que lees el Tarot, ¿Andas con tus cartas?”….. ¡Plop! Abrir el mazo y comenzar un Tarot para Yogi Bhajan, ¡Para Yogi Bhajan!, pero ¿que le puedo decir yo a él?

  • “Maestro, pero tú ya los sabes todo, ¿qué te puedo yo decir?”

Movimiento de dedos en los pies, semi sonrisa traviesa, cabeza gira de lado a lado estilo hindú. Y así fue como me encontré por primera vez con mi maestro espiritual, hablándole de su proceso y continuando con sus secretarias y demás personas que solían estar cerca de él.

Hasta el día de hoy me sorprendo con esta experiencia, lado a lado, Yogi Bhajan opinando de las cartas, apoyando, comentando. Y yo concentrada en la lectura fui capaz de soltar la mente y fluir junto a este gran hombre. Fue la primera vez de mucha. Una vez me hizo leerle el Tarot a la mitad de los participantes de la Khalsa Council, muchas veces me llamó a su casa para leerle el Tarot a sus invitados VIP, a veces nos invitaba a restaurantes, y en la ciudad ya lo conocían. Hasta el día de hoy algunos menús reflejan su influencia con los “Khalsa special” y las “yogi soups”. También me llamó cuando los doctores no querían que se fuera a la India, y en la casa de Gurubhajan a sus pies le dije que mejor no fuera a India, que no era bueno. Pero en sus ojos había tanta nostalgia por su patria que se fue igual y fue en ese viaje que le dio un paro al riñón y fue de ese trasplante del que nunca se recuperó.  Fue con un Tarot la última vez que lo vi en vida, 10 meses antes de morir, cuando su casa se había transformado en una mini clínica y su staff en enfermeras. Cuando nadie podía ir a verlo, me llamó y con la excusa de un Tarot, casi solos en su habitación hablamos, con el corazón más abierto que nunca, me dijo que me amaba, que me amaba mucho y a mí se me caían las lágrimas.  10 meses después lo vi salir esa fría noche de un 6 de octubre, a las 12:30 de la noche rodeada de algunos de la comunidad. Y esa noche se lloró porque ya no habría más aventuras con Yogi Bhajan. Porque eso era estar con él, una constante aventura, la mejor de todas, llena de imprevistos, risas, amor, elegancia y sabiduría.

Con los años me di cuenta de la generosidad de su corazón. Él me habló en mi idioma, que son los arquetipos de las cartas de tarot. Así fue como logró acercarse más rápido, compartir desde mi lengua, así fue como me ayudo a validarme. Ahí aprendí que cualquier enseñanza solo vale desde la persona que la recibe y Yogi Bhajan reflejaba eso siendo distinto y único para cada uno de sus estudiantes. Él era capaz de saber lo que necesitabas y desde ahí comunicarse.

El día que arrojaron sus cenizas en Ram Dass Puri supe que había que volver a Chile. Y aquí estoy, de vuelta, con el mazo de Tarot y un alto de libros y Cds de Kundalini Yoga.

Ahora la aventura continúa, con el maestro guiando desde adentro, porque desde que dejó su cuerpo su voz se escucha con compasión infinita y mucha travesura desde el corazón.

Siri Singh Sahib Harbhajan Singh, Yogi Ji, solo se puede decir una cosa del él. ¡Gran hombre, gran legado! Aún vives en mi corazón.

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