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Heridas de Infancia, cuáles son sus síntomas y qué podemos hacer

Actualizado: 7 feb


Las heridas de infancia son experiencias traumáticas o negativas vividas durante la infancia que pueden incluir abuso emocional, físico, negligencia, o carencia afectiva. Las heridas de la infancia están estrechamente relacionadas con el trauma y suelen ser el origen de muchos trastornos psicológicos en la edad adulta. Estas heridas pueden ser emocionales, físicas o psicológicas y se producen por experiencias adversas o negativas durante la infancia. En personas altamente sensibles, estas experiencias pueden ser aún más impactantes debido a su naturaleza receptiva y procesamiento sensorial intenso.

El trauma en la infancia puede ser el resultado de situaciones como abuso físico, abuso emocional, negligencia, abandono, exposición a violencia doméstica, divorcio de los padres, adicciones en la familia, enfermedad crónica o mental de un miembro de la familia, entre otros. Estas experiencias pueden ser únicas o acumulativas, y su impacto puede perdurar a lo largo de la vida.

Cuando un niño experimenta trauma en la infancia, puede tener dificultades para procesar y comprender esas experiencias debido a su desarrollo emocional e intelectual en ese momento. Esto puede llevar a una internalización de las emociones negativas y a la formación de creencias dañinas sobre sí mismos y el mundo que los rodea. Autores como Alice Miller, en su obra "El cuerpo nunca miente", resaltan la conexión entre las heridas de infancia y la salud mental en la vida adulta. Miller argumenta que la represión de estas heridas puede dar lugar a problemas físicos y emocionales. Por otro lado, Peter A. Levine, en "Sanando el Trauma", aborda cómo el trauma se almacena en el cuerpo y cómo las prácticas somáticas pueden ayudar a liberar este trauma y sanar las heridas.


Estas heridas de la infancia pueden manifestarse en la edad adulta de diversas formas, como, trastorno de estrés postraumático complejo (TEPTC), trastornos de ansiedad, depresión, problemas de autoestima, dificultad para establecer relaciones saludables, entre otros. Algunos de sus sintomas son:


Síntomas de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT):

  1. Flashbacks: Recuerdos vívidos y perturbadores del evento traumático que se sienten como si estuvieran ocurriendo nuevamente.

  2. Pesadillas: Sueños angustiantes relacionados con el trauma que pueden interrumpir el sueño y generar ansiedad.

  3. Pensamientos intrusivos: Pensamientos no deseados y perturbadores sobre el trauma que surgen sin control.

  4. Evitación: Evitar personas, lugares o situaciones que recuerden al paciente el trauma.

  5. Hipersensibilidad: Ser fácilmente sobresaltado, tener problemas para conciliar el sueño, dificultad para concentrarse y estar constantemente alerta.

  6. Cambios de ánimo: Experimentar cambios emocionales extremos, como irritabilidad, culpa, vergüenza, tristeza o emociones apagadas.

  7. Dificultad para recordar: Tener problemas para recordar partes importantes del evento traumático.

  8. Aislamiento social: Alejarse de amigos y familiares, y tener dificultades para confiar en los demás.

  9. Problemas de sueño y concentración: Experimentar insomnio, dificultad para mantener la concentración o la memoria.

  10. Respuestas exageradas de susto: Reacciones exageradas ante estímulos que recuerdan al trauma, como ruidos fuertes o situaciones inesperadas.

Síntomas de Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPTC):

Los síntomas del TEPTC son similares a los del TEPT, pero con la adición de:

  1. Problemas en la regulación emocional: Dificultad para regular las emociones, lo que puede manifestarse en episodios intensos de ira, tristeza o ansiedad.

  2. Alteración de la conciencia de uno mismo: Sentimientos de vergüenza, desesperanza o sensación de ser fundamentalmente diferente a los demás.

  3. Problemas en las relaciones interpersonales: Dificultad para establecer y mantener relaciones saludables, así como experimentar cambios extremos en la percepción de las personas (idealización o desvalorización).

  4. Síntomas somáticos: Experimentar síntomas físicos como dolores de cabeza, problemas gastrointestinales o síntomas parecidos a los de la fibromialgia.

  5. Problemas de identidad: Confusión sobre la propia identidad, propósito en la vida o creencias personales.

  6. Desarrollo de mecanismos de afrontamiento inadecuados: Recurrir a conductas perjudiciales, como abuso de sustancias, autolesiones o comportamientos impulsivos, para manejar el dolor emocional.


El libro "El cuerpo lleva la cuenta" del doctor Bessel van der Kolk es una obra fundamental que arroja luz sobre cómo los traumas afectan a nuestro cuerpo y mente.

Van der Kolk destaca que el impacto del trauma no se limita a la mente; se refleja profundamente en nuestro cuerpo y sistema nervioso. Cuando experimentamos un evento traumático, especialmente en la infancia, nuestro sistema nervioso autónomo se puede desregular, lo que afecta cómo experimentamos el mundo y cómo nos relacionamos con otros.

El sistema nervioso autónomo se divide en simpático y parasimpático. El primero se activa en situaciones de peligro, desencadenando la respuesta de "luchar o huir", mientras que el parasimpático se encarga de la calma y la recuperación. El trauma puede desequilibrar estos sistemas, dejándonos en un estado constante de alerta o, en algunos casos, desconexión emocional. Esto es la desregulación emocional.


La empatía es crucial en el proceso de reparación. Las relaciones seguras y empáticas ayudan a reprogramar nuestro sistema nervioso, restaurando el equilibrio y la confianza en nosotros mismos y en los demás. La terapia centrada en el cuerpo, como la terapia somática, puede ser especialmente efectiva al abordar los efectos físicos del trauma.


Para comenzar a mejorar, es importante buscar ayuda profesional. Trabajar con terapeutas especializados en trauma puede proporcionar herramientas y técnicas específicas para regular el sistema nervioso y abordar las respuestas corporales al estrés. Además, prácticas como el yoga, la meditación y el ejercicio pueden ayudar a reconectar con el cuerpo y reducir el estrés. Es esencial ser paciente consigo mismo en este proceso de sanación, permitiendo tiempo para la recuperación y el crecimiento. Al comprender la conexión entre el trauma, el cuerpo y la mente, y al buscar apoyo terapéutico, se puede iniciar un camino hacia la recuperación y el bienestar emocional y físico.


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